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Señales y síntomas

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Señales y síntomas

Anemia, fatiga y dolores óseos forman la tríada que sugiere un diagnóstico de mieloma múltiple. Existen también otros síntomas, como fracturas patológicas, hipercalcemia, insuficiencia renal y proteinuria de Bence-Jones. 

Dolor óseo: un síntoma característico del mieloma múltiple es el dolor que no responde al tratamiento analgésico.

Fracturas óseas: en este caso, las fracturas suelen ser patológicas; ésto significa que son causadas por pequeños traumas. El dolor óseo y las fracturas son los primeros síntomas del mieloma múltiple.

Hipercalcemia: es una alteración de la bío-química de la sangre caracterizada por el aumento de los niveles de calcio en la corriente sanguínea. Otro origen de la hipercalcemia ocurre cuando el hueso es reabsorbido, y el calcio es liberado en cantidades mayores de lo normal en la corriente sanguínea. Si ésto sucede en forma descontrolada puede tener otros efectos colaterales como, por ejemplo, insuficiencia renal.

Lesiones osteolíticas: pueden aparecer lesiones óseas diseminadas parecidas a la osteoporosis, cuando las células plasmáticas sobrepasan el 30% de su valor normal. Estas lesiones debilitan el hueso, y pueden provocar dolores y/o fracturas patológicas.

Proteína de Bence-Jones: las células plasmáticas segregan anticuerpos (inmunoglobulinas), que forman parte del sistema inmunológico y que, químicamente hablando, son proteínas. El aumento de esas proteínas puede ser detectado en la sangre. A estos compuestos se les llama proteínas M. En los exámenes de orina aparecen fragmentos de esas proteínas (cadenas ligeras) o proteína de Bence-Jones.

El mieloma se descubre muchas veces cuando el paciente se hace exámenes de sangre y de orina, y en ellos se encuentran  niveles elevados de proteínas.

Síndrome de hiperviscosidad: este síndrome se presenta cuando la proteína M (inmunoglobulina del mieloma) aumenta. En este caso pueden presentarse síntomas de fatiga, disnea, confusión mental y tendencia a sangrados. Esta proteína aumenta la viscosidad de la sangre, provocando alteraciones en la coagulación y, principalmente, sangrado en las mucosas.

Alteraciones hematológicas: el aumento de las células plasmáticas y del calcio y el exceso de proteínas en la sangre pueden dañar a los glóbulos rojos, a los blancos y a las plaquetas, provocando anemia por disminución de glóbulos rojos y trombocitopenia (disminución del número de plaquetas); todo lo cual produce sangrados y altera el sistema inmunológico, predisponiendo al paciente a contraer infecciones.


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