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TRASTORNOS DE LA SANGRE
CAPITULO 153
Transfusión de sangre
La transfusión de sangre es la transferencia
de sangre o de un componente sanguíneo de una persona (donante)
a otra (receptor).
Las transfusiones se realizan para aumentar la capacidad
de la sangre para transportar oxígeno, restaurar el volumen de
sangre del cuerpo, mejorar la inmunidad y corregir problemas de coagulación.
Dependiendo del motivo de la transfusión,
el médico puede requerir sangre completa o sólo un componente
sanguíneo, como glóbulos rojos, plaquetas, factores de
la coagulación, plasma fresco congelado (la parte líquida
de la sangre) o glóbulos blancos. Siempre que sea posible, la
transfusión se limita al componente sanguíneo que satisface
la necesidad específica del paciente, en vez de sangre completa.
Suministrar un componente específico es más seguro y no
se desperdician los demás.
En los países más desarrollados se
realizan varios millones de transfusiones cada año. Gracias al
perfeccionamiento de las técnicas de detección, las transfusiones
hoy en día son más seguras que nunca. Pero aún
ocasionan riesgos para el receptor, como reacciones alérgicas
e infecciones. Aunque la posibilidad de contraer SIDA o hepatitis por
las transfusiones es remota, los médicos son muy conscientes
de estos riesgos e indican transfusiones cuando no existe otra alternativa.
Recolección y clasificación de la sangre
Existen organismos sanitarios oficiales que regulan
la recogida, el almacenamiento y el transporte de la sangre y de sus
componentes. Muchas autoridades sanitarias locales y estatales, así
como la Cruz Roja y los bancos de sangre, entre otros, tienen sus propias
normas adicionales.
Los donantes de sangre se someten a varios exámenes
para constatar su estado de salud. Se les toma el pulso, la presión
arterial y la temperatura y se analiza una muestra de sangre para comprobar
si están anémicos. Se les pregunta si padecen o han padecido
alguna enfermedad que les imposibilite donar sangre. Las enfermedades
como la hepatitis, las dolencias cardíacas, el cáncer
(salvo ciertos tipos, como el cáncer de piel localizado), el
asma severo, el paludismo, los trastornos hemorrágicos, el SIDA
y la posible exposición al virus del SIDA, pueden inhabilitar
de forma permanente a un donante. La exposición a la hepatitis,
un embarazo, una cirugía mayor reciente, una presión arterial
alta mal controlada, una presión arterial baja, la anemia o el
uso de ciertos medicamentos, pueden inhabilitar de forma temporal a
un donante. Estas restricciones fueron desarrolladas para proteger tanto
al donante como al receptor. Generalmente, no se permite a los donantes
dar sangre más de una vez cada dos meses. La costumbre de pagar
a los donantes de sangre casi ha desaparecido, ya que incentivaba a
los necesitados a presentarse como donantes y negaban tener cualquier
enfermedad que los inhabilitara como tales.
Para los donantes seleccionados, dar sangre es muy
seguro. Todo el proceso precisa alrededor de una hora; la donación
en sí misma no lleva más de 10 minutos. Habitualmente
se experimenta una sensación de picazón cuando la aguja
se inserta, pero el proceso mismo es indoloro.
La unidad de sangre donada es alrededor de medio
litro. La sangre recién obtenida se sella en bolsas de plástico
que contienen conservantes y un compuesto anticoagulante. Una muestra
pequeña de cada donación se examina para detectar enfermedades
infecciosas como SIDA, hepatitis vírica y sífilis. La
sangre refrigerada se conserva en buen estado durante 42 días.
En circunstancias especiales (por ejemplo, para conservar un tipo de
sangre poco común) los glóbulos rojos pueden congelarse
y conservarse durante un máximo de 10 años.
Debido a que realizar una transfusión de
sangre que no es compatible con el receptor puede ser peligroso, la
sangre donada se clasifica habitualmente en grupos A, B, AB o 0 y como
Rh positivo o Rh negativo. Por ejemplo, el tipo de sangre de una persona
puede pertenecer al grupo O-positivo o al AB-negativo. Como precaución
adicional, antes de empezar la transfusión, un técnico
mezcla una gota de la sangre del donante con sangre del receptor para
asegurarse de que son compatibles; este procedimiento se denomina test
de compatibilidad.
La sangre y los componentes sanguíneos
Una persona que necesita una gran cantidad de sangre
con urgencia (alguien que está sangrando mucho, por ejemplo)
puede recibir sangre completa para facilitar la recuperación
de la circulación y del volumen de la sangre. Puede también
administrarse sangre completa cuando el componente sanguíneo
que se necesita no se encuentra disponible de forma separada.
| Tipos de sangre compatibles |
 |
El componente de sangre que más habitualmente
se transfunde son los concentrados de glóbulos rojos, que pueden
restablecer la capacidad de la sangre para transportar oxígeno.
Este componente puede darse a una persona con hemorragia o anemia grave.
Puesto que los glóbulos rojos congelados son mucho más
caros que los concentrados de glóbulos rojos, habitualmente se
reservan aquéllos para las transfusiones de los tipos de sangre
menos comunes.
Algunas personas que necesitan sangre son alérgicas
a ésta. Si los medicamentos no pueden prevenir las reacciones
alérgicas, la persona puede tener que recibir glóbulos
rojos lavados. El lavado de los glóbulos rojos quita del plasma
del donante casi todo rastro de sustancias que puedan causar reacciones
alérgicas.
Una cantidad escasa de plaquetas (trombocitopenia)
puede producir una hemorragia grave y espontánea. La transfusión
de plaquetas puede restaurar la capacidad de coagulación de la
sangre. Los factores de la coagulación son las proteínas
del plasma que normalmente trabajan con las plaquetas para que la sangre
coagule. Si no existiera esta coagulación, la hemorragia no cesaría
después de producirse una lesión. Los concentrados de
factores de la coagulación de la sangre pueden suministrarse
a aquellas personas que padecen una enfermedad hereditaria de la sangre,
como la hemofilia o el síndrome de Von Willebrand.
Los factores de coagulación se encuentran
en el plasma. El plasma fresco congelado se utiliza en los trastornos
de la sangre cuando no se conoce el factor de coagulación que
falta o cuando no se dispone del concentrado del mismo. También
se usa cuando la hemorragia es causada por una producción insuficiente
de factores de coagulación como en el caso de una insuficiencia
hepática.

No es frecuente que se realice una transfusión
de células blancas para tratar infecciones letales en personas
cuyo recuento de glóbulos blancos es muy bajo o cuyos glóbulos
blancos funcionan de forma anormal. En estos casos, habitualmente se
recetan antibióticos. Ocasionalmente, se administran anticuerpos
(inmunoglobulinas), componentes de la sangre que protegen al organismo
de algunas enfermedades, para crear inmunidad en personas que han sido
expuestas a una enfermedad infecciosa como varicela o hepatitis o en
aquellas que presentan una baja cantidad de anticuerpos.
Procedimientos de donación especial
En una transfusión tradicional, una persona
dona sangre completa y otra persona la recibe. Sin embargo, este concepto
está ampliándose. Según el caso, una persona puede
recibir un solo componente sanguíneo, por ejemplo las células
o los factores de coagulación. La transfusión sólo
de componentes seleccionados hace que el tratamiento sea específico,
reduce los riesgos de los efectos colaterales y permite usar los diferentes
componentes de una sola unidad de sangre para tratar de manera eficaz
a varias personas. En otros casos, una persona puede recibir su propia
sangre completa (transfusión autóloga).
Aféresis
En la aféresis, un donante da solamente el
componente sanguíneo específico que requiere el receptor,
en lugar de sangre completa. Si un receptor necesita plaquetas, se extrae
sangre completa del donante y una máquina que separa los componentes
de la sangre extrae las plaquetas y devuelve el resto de la sangre al
donante. Como los donantes vuelven a recibir la mayoría de su
sangre, pueden donar sin riesgo de 8 a 10 veces más plaquetas
durante uno de estos procedimientos que las que se podrían recoger
si donasen sangre completa una sola vez.
Transfusión autóloga
La transfusión de sangre más segura
es aquella en que el donante es también el receptor, ya que elimina
el riesgo de las incompatibilidades y de las enfermedades inducidas
por la sangre. A veces, cuando un paciente padece una hemorragia o es
sometido a intervención quirúrgica, puede recogerse la
sangre y ser devuelta al paciente. Es aún más frecuente
que la persona done sangre que recibirá después en una
transfusión. Por ejemplo, un mes antes de la intervención,
una persona puede donar varias unidades de sangre para recibirlas (si
fuera necesario) durante o después de aquélla.
Donación directa o designada
Los familiares o amigos pueden donar sangre específicamente
unos para otros, siempre y cuando el grupo sanguíneo y el Rh
del receptor y del donante sean compatibles. Para algunos receptores,
saber quién donó la sangre hace que se sientan mejor,
si bien una donación de un familiar o amigo no es necesariamente
más segura que la que procede de un desconocido. La sangre de
un familiar se trata con radiación para prevenir la enfermedad
del injerto contra el receptor, que, aunque poco frecuente, ocurre más
a menudo cuando el receptor y el donante están emparentados.
Precauciones y reacciones
Para minimizar los riesgos de una reacción
durante la transfusión, los responsables sanitarios toman varias
precauciones. Después de comprobar dos veces que la sangre que
van a utilizar es compatible con la del receptor, la suministran lentamente,
por lo general durante dos horas o más para cada unidad de sangre.
Debido a que la mayoría de las reacciones adversas se produce
durante los primeros 15 minutos de la transfusión, al principio,
el receptor es observado cuidadosamente. Después de esto, una
enfermera puede inspeccionar al receptor cada 30 o 45 minutos y, si
se presenta una reacción adversa, se detiene la transfusión.
La mayoría de las transfusiones son seguras
y alcanzan su objetivo; sin embargo, de vez en cuando se producen reacciones
leves y muy rara vez reacciones graves e incluso fatales. Las reacciones
más frecuentes son fiebre y alergias (hipersensibilidad), que
ocurre en el uno al dos por ciento de las transfusiones. Los síntomas
incluyen picazón, erupciones, inflamación, vértigo,
fiebre y dolor de cabeza. Con menos frecuencia aparecen dificultades
respiratorias, jadeos y espasmos musculares. No es frecuente que una
reacción alérgica sea lo suficientemente grave como para
ser peligrosa. Existen tratamientos que permiten practicar transfusiones
a personas que previamente padecían reacciones alérgicas.
A pesar de haber comprobado cuidadosamente la compatibilidad
de la sangre, aún existen incompatibilidades que ocasionan la
destrucción de los glóbulos rojos que se han suministrado
poco después de la transfusión (reacción hemolítica).
Habitualmente, esta reacción comienza con una sensación
de incomodidad general o de ansiedad durante la transfusión o
inmediatamente después de la misma. A veces se originan dificultades
respiratorias, presión torácica, enrojecimiento y dolor
agudo de espalda. Muy raramente, las reacciones se tornan más
graves o mortales. El médico puede averiguar si una reacción
hemolítica está destruyendo los glóbulos rojos
comprobando si la hemoglobina liberada por estas células está
presente en la sangre y la orina del paciente.
Los receptores de transfusiones pueden sufrir una
sobrecarga de líquido. Los que padecen enfermedades cardíacas
son muy vulnerables, por lo que las transfusiones se realizan más
lentamente y bajo un control más estricto.
La enfermedad del injerto contra el receptor es
una complicación inusual que afecta a las personas cuyo sistema
inmune se encuentra dañado principalmente por drogas o enfermedades.
En esta enfermedad, los tejidos del receptor (huésped) son atacados
por los glóbulos blancos del donante (injerto). Los síntomas
incluyen fiebre, presión arterial baja, erupciones, destrucción
de tejido y shock.