SECCION 17 >
INFECCIONES
CAPITULO 173
Fármacos antiinfecciosos
Los fármacos antiinfecciosos (combaten
la infección) incluyen los antibacterianos, antivíricos
y antimicóticos. Estos fármacos están desarrollados
para ser lo más tóxicos posible contra el microorganismo
infectante y también lo más seguros posible para las células
humanas, es decir, están hechos para provocar una toxicidad selectiva.
Producir estas sustancias para combatir las bacterias y los hongos es
relativamente sencillo porque son células muy diferentes de las
humanas. No obstante, producir un fármaco que destruya un virus
sin perjudicar a la célula humana infectada es muy difícil,
porque los virus pierden su identidad dentro de ésta y reprograman
la célula para que produzca partículas del propio virus.
Antibióticos
Los antibióticos son fármacos que
se utilizan para tratar las infecciones bacterianas. Por desgracia,
cada vez son más las bacterias que desarrollan resistencia a
los antibióticos con los que contamos en la actualidad. Esta
resistencia se desarrolla en parte debido al excesivo uso de los mismos.
En consecuencia, constantemente se están desarrollando nuevos
antibióticos para combatir bacterias cada vez más resistentes.
Finalmente, las bacterias también se harán resistentes
a los antibióticos más nuevos.




Los antibióticos se clasifican según
su potencia. Los antibióticos bactericidas destruyen las bacterias,
mientras que los antibióticos bacteriostáticos simplemente
evitan que éstas se multipliquen y permiten que el organismo
elimine las bacterias restantes. Para la mayoría de las infecciones,
ambas clases de antibióticos parecen igualmente eficaces, pero
si el sistema inmunitario está debilitado o la persona tiene
una infección grave, como una endocarditis bacteriana o una meningitis,
un antibiótico bactericida suele ser más eficaz.
Elección de un antibiótico
Los médicos pueden optar por un antibiótico
para tratar una infección en particular basándose en una
suposición acerca de cuál creen ellos que es el agente
responsable del proceso. Además, el laboratorio identifica de
forma sistemática la bacteria infectante y, con ello, ayuda al
médico a elegir un antibiótico. Sin embargo, estas pruebas
suelen tardar un día o dos en dar sus resultados y, en consecuencia,
no pueden ser utilizadas para escoger el tratamiento inicial.
Incluso aunque se haya identificado el agente y
se haya determinado en el laboratorio su sensibilidad a los antibióticos,
la elección del fármaco no es tan simple. Las sensibilidades
que se detectan en el laboratorio no siempre se corresponden con las
que se presentan en el paciente infectado. La eficacia del tratamiento
depende de factores tales como el grado de absorción del fármaco
por el flujo sanguíneo, de qué cantidad del mismo alcanza
los distintos fluidos corporales y con qué velocidad lo elimina
el organismo. Además, la selección de un fármaco
tiene que tener en cuenta la naturaleza y la gravedad de la enfermedad,
los efectos secundarios que produce, la posibilidad de alergias u otras
reacciones graves y el costo del mismo.
En ciertos casos es necesario recurrir a una combinación
de antibióticos para tratar infecciones graves, en particular
cuando aún se desconoce la sensibilidad de la bacteria a los
mismos. Las combinaciones también son importantes para ciertas
infecciones, como la tuberculosis, en la que las bacterias rápidamente
desarrollan resistencia a la administración de uno solo. A veces,
la unión de dos de ellos tiene un efecto más potente y
estas combinaciones pueden ser utilizadas para tratar infecciones causadas
por bacterias que resultan difíciles de erradicar, como las Pseudomonas.
Administración de los antibióticos
Para las infecciones bacterianas graves, los antibióticos
suelen administrarse primero mediante una inyección, generalmente
intravenosa. Cuando la infección está controlada, se pueden
dar por vía oral. Los antibióticos deben ser ingeridos
hasta que el microorganismo infectante sea eliminado del cuerpo, un
proceso que puede requerir varios días tras la desaparición
de los síntomas. Dejar el tratamiento demasiado pronto puede
provocar una recaída o bien estimular el desarrollo de las bacterias
resistentes. Por esta razón, los antibióticos suelen ingerirse
durante varios días después de que haya desaparecido toda
evidencia de infección.
Ciertos antibióticos son utilizados para
tratar infecciones por rickettsias, que son microorganismos similares
tanto a las bacterias como a los virus. Las rickettsias son de menor
tamaño que las primeras pero mayores que los segundos. Al igual
que los virus, sólo pueden sobrevivir dentro de las células
de otro organismo, pero al igual que las bacterias, son vulnerables
a los antibióticos. Específicamente, el cloranfenicol
y las tetraciclinas son los más eficaces contra las infecciones
producidas por rickettsias.
Los antibióticos se usan no sólo para
tratar infecciones sino también para prevenirlas. Para que resulte
eficaz, y con el fin de evitar que las bacterias desarrollen resistencias,
la terapia preventiva debe ser de corta duración y el antibiótico
debe ser eficaz contra la bacteria en particular. Un ejemplo de terapia
preventiva consiste en tomar antibióticos mientras se viaja,
para evitar la diarrea del viajero. Así mismo, a menudo se utiliza
en personas expuestas a otra con meningitis causada por meningococo
debido al riesgo de contagio.
Las personas con válvulas cardíacas
anormales ingieren antibióticos preventivos de forma rutinaria
antes de una intervención quirúrgica, incluyendo la cirugía
dental. Estas personas tienen un mayor riesgo de contraer una infección
en las válvulas cardíacas (endocarditis) por bacterias
que normalmente se encuentran en la boca y otras partes del cuerpo.
Dichas bacterias pueden ingresar en el flujo sanguíneo durante
la cirugía y alcanzar las válvulas cardíacas dañadas.
Los antibióticos de tipo preventivo también pueden ser
ingeridos por los individuos cuyo sistema inmunitario no es totalmente
eficaz, como los que padecen leucemia, reciben quimioterapia para un
cáncer o en el caso de los enfermos de SIDA. Por otro lado, las
personas sanas que se someten a cirugía con alto riesgo de infección
(como la cirugía mayor ortopédica o la intestinal) también
pueden tomarlos.
Por desgracia, los antibióticos a menudo
son usados sin que exista realmente una buena razón para ello.
Por ejemplo, con frecuencia se aplican incorrectamente para tratar enfermedades
víricas, como resfriados y gripe.
Efectos colaterales
Un antibiótico puede causar una reacción
alérgica, como suele ocurrir con la penicilina, o bien puede
provocar otros efectos colaterales. Por ejemplo, los aminoglucósidos
pueden dañar los riñones y el oído interno.
El tratamiento antibiótico puede mantenerse
a pesar de los efectos colaterales, en especial si es el único
eficaz contra la infección que padece el enfermo. El médico
compara la importancia de estos efectos con la gravedad de la infección.
Fármacos antivíricos
Los fármacos antivíricos pueden actuar
interfiriendo con cualquiera de los procesos por los que pasa un virus
para replicarse (reproducirse): adhesión a la célula,
incorporación a la misma, eliminación de su cubierta para
liberar su material genético y creación de nuevas partículas
víricas por parte de la célula.
Debido a que los virus sólo pueden replicarse
dentro de las células y usan las mismas vías metabólicas
que las células sanas, los fármacos antivíricos
suelen ser más tóxicos para las células humanas
que los antibióticos. Otro problema de éstos es que los
virus pueden desarrollar resistencia a ellos con gran rapidez.
Fármacos antimicóticos
Los fármacos antimicóticos pueden
ser aplicados directamente en la zona donde se desarrolla una infección
micótica en la piel u otra superficie, como la vagina o el interior
de la boca. También pueden ser suministrados por vía oral
o inyectados.
Por lo general, estos fármacos causan más
efectos colaterales que los antibióticos. También suelen
ser generalmente menos eficaces, por lo que las infecciones micóticas
son difíciles de tratar y suelen hacerse duraderas (crónicas).
El tratamiento suele durar varias semanas y debe repetirse de nuevo.