SECCION 19 >
TRASTORNOS DEL OIDO, LA NARIZ Y LA GARGANTA
CAPITULO 215
Cánceres de cabeza y cuello
La edad promedio de las personas que tienen
cánceres de cabeza y cuello (excluyendo los cánceres de
cerebro, ojos y columna vertebral) es de 59 años. Por lo general,
los cánceres de las glándulas salivales, glándula
tiroides o senos paranasales afecta a personas por debajo de 59 años,
mientras que los cánceres de boca, garganta (faringe), o caja
de la voz (laringe) afectan a personas por encima de los 59 años.
En términos generales, los cánceres
de la cabeza y del cuello se extienden primero hasta los ganglios linfáticos
cercanos. Estos cánceres no se diseminan (forman metástasis)
a otras partes del cuerpo durante 6 meses a 3 años. Las metástasis
(cáncer que se ha extendido desde su punto de origen a otras
partes del cuerpo) suelen producirse a partir de tumores grandes o persistentes
y es más probable que se desarrollen en personas cuyo sistema
inmune está debilitado.
Causas
Alrededor del 85 por ciento de las personas que
tienen cáncer de cabeza o de cuello fuman y consumen alcohol,
o lo han hecho en el pasado. El cáncer de boca (oral) también
puede producirse por una higiene bucal deficiente, una dentadura mal
colocada y el uso de tabaco en polvo o para mascar; en la India, el
hecho de mascar nuez de betel es una de las principales causas de cáncer
de boca. El virus de Epstein-Barr, que causa mononucleosis infecciosa,
participa en el desarrollo del cáncer de la parte superior de
la faringe (nasofaringe).
Las personas que hace 20 años o más
recibieron pequeñas dosis de radioterapia para solucionar problemas
de acné, exceso de vello facial, agrandamiento del timo o de
las amígdalas y de los adenoides, corren mayor riesgo de desarrollar
cáncer de tiroides y de glándulas salivales. En la actualidad,
la radioterapia ha dejado de utilizarse con esos propósitos.
Clasificación por estadios y pronóstico
La clasificación por estadios es un método
que se usa para determinar el alcance de un cáncer y así
contribuir a guiar la terapia y establecer el pronóstico. Los
cánceres de cabeza y cuello son clasificados según el
tamaño y la localización del tumor original, el número
y tamaño de metástasis en los ganglios linfáticos
del cuello y la evidencia de metástasis en partes distantes del
cuerpo. El estadio I es el menos avanzado y el IV, el más avanzado.
Los tumores que crecen hacia fuera tienden a responder
mejor al tratamiento que los que invaden las estructuras circundantes,
que forman úlceras o son duros. Si el tumor ha invadido músculo,
hueso o cartílago, la curación es menos probable. Para
las personas con metástasis, la posibilidad de vivir más
de dos años es remota. Un cáncer que afecta al curso de
un nervio, provocando dolor, parálisis o adormecimiento, probablemente
sea muy agresivo y difícil de tratar.
En total, el 65 por ciento de las personas que tienen
cáncer no extendido viven al menos 5 años, en comparación
con el 30 por ciento, o menos, de aquellos cuyo cáncer se ha
extendido a los ganglios linfáticos o más allá.
Las personas de más de 70 años suelen tener intervalos
sin enfermedad más prolongados (llamados remisiones) y mejores
índices de supervivencia que los más jóvenes.
Tratamiento
El tratamiento depende del estadio del cáncer.
Los cánceres en estadio I, que se localicen en la cabeza o en
el cuello, responden de forma similar a la cirugía y a la radioterapia.
Por lo general, esta última se dirige no sólo al cáncer
sino también a los ganglios linfáticos localizados a ambos
lados del cuello, ya que más del 20 por ciento de estos cánceres
se extienden a los ganglios linfáticos.
Algunos tumores, fundamentalmente los que tienen
un diámetro superior a dos centímetros y los que han invadido
hueso o cartílago, se extirpan quirúrgicamente. Si se
encuentra o se sospecha la presencia de cáncer en los ganglios
linfáticos, la cirugía suele ser seguida de radioterapia.
Alternativamente, en ciertos casos puede utilizarse radioterapia con
o sin quimioterapia (tratamiento con fármacos anticancerosos),
lo que produce buenos índices de supervivencia; si el cáncer
recurre, puede entonces efectuarse la cirugía. En los casos de
cáncer en un estadio avanzado, la combinación de cirugía
y radioterapia suele ofrecer un mejor pronóstico que cualquiera
de los dos tratamientos de forma individual.
La quimioterapia mata las células cancerosas
en el lugar en que se originaron, en los ganglios linfáticos
y en todo el cuerpo. Aún se desconoce si la combinación
de quimioterapia con cirugía o radioterapia mejora el índice
de curación, pero la terapia combinada sí prolonga la
remisión. Si el cáncer está demasiado avanzado
para la cirugía o la radioterapia, la quimioterapia puede ayudar
a reducir el dolor y el tamaño del tumor.
El tratamiento casi siempre tiene efectos adversos.
La cirugía suele afectar a la capacidad para tragar o hablar;
en estos casos, es necesaria la rehabilitación. La radioterapia
puede causar cambios en la piel (como inflamación, picor y pérdida
del cabello), cicatrización, pérdida del gusto, sequedad
en la boca, y, en raras ocasiones, destrucción de los tejidos
normales adyacentes. La quimioterapia puede provocar náuseas
y vómitos, pérdida temporal de cabello e inflamación
de la membrana que recubre el estómago y los intestinos (gastroenteritis);
también puede reducir el número de glóbulos rojos
y blancos y debilitar temporalmente el sistema inmunitario.
Cánceres metastásicos del cuello
El médico puede descubrir un bulto anormal
en el cuello de una persona que no tiene ningún otro síntoma.
Estos bultos anormales pueden estar causados por un defecto de nacimiento
o un ganglio linfático agrandado, que a su vez puede ser el resultado
de una infección o de un cáncer. Los ganglios linfáticos
del cuello suelen ser un punto frecuente para la extensión del
cáncer de cualquier otra parte del cuerpo. El cáncer original
puede estar en la faringe, la laringe, las amígdalas, la base
de la lengua o un punto mucho más distante como el pulmón,
la próstata, los senos, el estómago, el colon o el riñón.
Diagnóstico y tratamiento
La causa de un único ganglio linfático
agrandado en el cuello puede ser rápidamente descubierta, o bien
todo lo contrario, ser muy difícil de encontrar. El médico
examina los oídos, la nariz, la faringe, la laringe, las amígdalas,
la base de la lengua y las glándulas tiroides y salivales. Las
pruebas pueden incluir radiografías del tracto gastrointestinal
superior, del tiroides y una tomografía computadorizada (TC)
de cabeza, cuello y tórax. Es probable que sea necesario realizar
un examen directo de laringe (laringoscopia), pulmones (broncoscopia)
y esófago (esofagoscopia).
Se realizan biopsias (que consisten en tomar muestras
de tejidos para examinarlas al microscopio) si durante estos procedimientos
se observan áreas que se piensan que pueden ser cancerosas. Si
aun así no se consigue localizar el cáncer original, también
se toman muestras de tejido de la faringe, de las amígdalas y
de la base de la lengua. El médico puede insertar una aguja fina
en el bulto o en el ganglio linfático agrandado para extraer
células y analizarlas, pero en general se prefiere extraer la
totalidad de la masa, más que sólo una parte, para poder
establecer el diagnóstico con total seguridad.
Cuando se encuentran células cancerosas en
un ganglio linfático agrandado del cuello y es imposible encontrar
el cáncer original, puede aplicarse radioterapia a la faringe,
las amígdalas, la base de la lengua y a ambos lados del cuello.
Además, los ganglios linfáticos cancerosos y otros tejidos
afectados pueden ser extirpados del cuello mediante cirugía.